ANTI BARBIE

La Isla del Todo es Posible

Durante una estrellada noche de verano, un periodista llamado Isidoro llegó a La Isla del Todo es posible.

En el muelle no había nadie. Cuando bajó de su barco, lo primero que vio fue una roca, donde habían pintado un eslogan: SIENTE TAN TOTALMENTE COMO PUEDAS.

Empezó a caminar y llegó al faro. Ahí se encontró a una niña que construía un castillo de conchas. “Perdón…”, dijo Isidoro en el intento de llamar su atención.

Y la niña: “En la Isla del Todo es Posible, no hace falta pedir disculpa. Tampoco existe una expresión para eso en nuestro idioma, porque todo lo que pasa no está echo con mala intención.”

“¿Cual es tu nombre?”, preguntó Isidoro.

“Viola, como el instrumento musical”, contestó la niña.

“¿Donde están tus padres?”

“En La Isla del Todo es Posible los niños pertenecen a todos, todos se cuidan de ellos.”

“Ah. Acabo de llegar… ¿A donde puedo ir?”

“En La Isla del Todo es Posible, las personas están a gusto en su casa como en la calle.”

“¿Hay alguien, a parte tu, con quién pueda hablar? ¿Alguien al que pueda pedir una habitación para esta noche?”

“Aquí las personas, cuando se encuentran por primera vez, hablan entre sí como si se conocieran desde la cuna. Pero nunca damos a la gente por supuesta. Si lo hiciéramos, la relación habría terminado, porque ya no habría aventura. El otro ya no sería un misterio que desvelar, el otro sería una cosa, una mercancía.”

“Vaya. Pero, niña… ¿No tienes miedo, aquí solita?”

“Nos gusta la soledad, es nuestro templo. Ahí podemos estar nadando en el mar más profundo como descansar en cima de la montaña más alta, escribir, cantar, meditar, pintar, coser, tocar, construir, olvidar, dibujar, leer, viajar a otras Islas, hablar con Ángeles y Hadas, tener como mascota un poderoso león y también desenfundar la espada para cortar la cabeza a nuestros enemigos.”

“Me parece fenomenal… pero tendréis que relacionaros, por lo menos de vez en cuando…”

“En La lsla del Todo es Posible, el Amor es lo más grande que le puede suceder a alguien. Para nosotros todo está por debajo del Amor. Una relación, como la entendemos aquí, es permitir que alguien llegue a tu centro, y es arriesgado, peligroso, porque nunca sabes qué te hará esa persona.”

“Eres tan pequeña… ¿ya te han faltado el respeto?”

“Aquí nos tratamos con profundo respeto. Aquí, Respeto significa volverse para mirar. Cuando pasa alguien, respeto. Tiene que ver con el hecho que de pronto te das cuenta de que ha pasado algo bello.”

“Cuéntame, niña, como se vive en esta Isla…”

Mientras, la pequeña Viola seguía construyendo su castillo. Se tomó unos segundos sin respirar para encajar un par de conchas. En cuanto vio que las torres recién levantadas aguantaban en equilibrio, contestó: “Nos tomamos la vida con calma y pasión. Somos rebeldes contra todo sufrimiento impuesto por cualquiera. Nos sentimos atraídos por algo cuya consecución es un desafío.”

“Y… ¿Cuales son vuestras leyes?”

“En La Isla del Todo es Posible, no tratamos de imponer nada. No damos mandamientos, porque nadie los cumple, y la gente se vuelve hipócrita. Damos cariño, protección, todo lo que uno necesite, pero le ayudamos a alejarse de La Isla para explorar el mundo sin miedo, porque quien quiera caminar tiene que arriesgarse a perderse. Y, por supuesto, la libertad incluye también el error.”

“¿Sois muchos? ¿En la Isla hay otros extranjeros, a parte yo?”

“Los nativos de La Isla somos pocos y raros. Para nosotros, encajar con un forastero no es tan sencillo. Vivir con nosotros no es fácil. Hacemos muchas preguntas y interpretamos las respuestas como nos da la gana. Además lo somos todo y su contrario. En práctica: si quieres que cambiemos de idea, muéstrate de acuerdo con nosotros; si quieres saber lo que realmente pensamos, míranos, no nos escuches. Cuando estamos en un caos, nuestro cerebro deja de funcionar. Somos intuitivos, ilógicos, irracionales, poéticos, imaginativos, románticos y espirituales.”

“Bueno, pero… ¡hay que usar la lógica… planear el día, calcular!”

“No sabemos calcular. De vez en cuando usamos la lógica, es práctica, pero no en las relaciones humanas.”

“Es que no te entiendo… me he perdido…”

“En la Isla del Todo es Posible no todo se puede resolver y no todo se puede comprender.”

Entonces dejaron de hablar. Se quedaron en silencio.

La pequeña Viola terminó su castillo de conchas, se levantó y lo miró satisfecha.

Isidoro quería guardar un recuerdo, entonces sacó su cámara y hizo una foto donde cabían el faro, la luna, el mar, la niña mirando al castillo de conchas y el muelle donde ancló su barco.

This entry was published on July 3, 2013 at 9:44 AM. It’s filed under D.I.Y. and tagged , , , , , . Bookmark the permalink. Follow any comments here with the RSS feed for this post.

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