ANTI BARBIE

La Isla del Nunca Jamás

En La Isla del Nunca Jamás, durante una tarde de invierno, en una tienda de juguetes, mi Alter Ego está buscando un regalo para la pequeña Violeta.

Mi Alter Ego es un conocido ingeniero, así que el dependiente le trae un rompecabezas.

Mi Alter Ego trata de resolverlo.

Lo intenta y lo intenta y lo intenta, y empieza a sudar. La situación se está volviendo incómoda. Los clientes y los vendedores y el dependiente están mirando y mi Alter Ego no logra resolver el rompecabezas.

Mientras…

Yo estoy fuera, paseando en la acera opuesta y miro hacia el escaparate de la tienda de juguetes… Me aburro un poco, entonces me acerco a un policía y le digo: «Oiga, ¡ese hombre de la esquina me está molestando!»

«He estado observando todo el tiempo – me contesta él – y ese hombre ni siquiera la ha mirado.»

«Y, bueno, -digo yo- ¡eso es MUY molesto!»…

Las mujeres de La Isla del Nunca Jamás somos raras… por ejemplo, yo hago muchas preguntas y interpreto las respuestas como me da la gana. Conmigo es como tener al lado, las 24 horas, un psiquiatra, pero gratis.

Vivir con nosotras no es tan sencillo… lo somos todo y su contrario. En practica: si quieres que cambie de idea, muéstrate de acuerdo conmigo; si quieres saber lo que realmente pienso, mírame, no me escuches.

Yo no quiero que mi hombre sea tan sólo un hombre, sino una aventura en el descubrimiento de la conciencia.

Mi Alter Ego es músico y a veces me hace el amor de la misma forma que un músico toca música. Trata mi cuerpo como un instrumento musical.

Mi Alter Ego y yo somos dos cuerdas de un mismo instrumento, pero yo sufro en cuanto estoy separada de él. Y como estoy sufriendo y no se por qué, me enfado. Sólo cuando estamos juntos estoy entera…

La vida hay que tomársela con calma y pasión, digo yo, pero soy rebelde contra todo sufrimiento impuesto por cualquiera.

Mi Alter Ego y yo somos mundos diferentes; por eso es difícil que nos comprendamos mutuamente. Y el pasado ha estado lleno de malentendidos, pero esto no tiene que continuar así necesariamente en el futuro. Tenemos que volvernos más comprensivos uno respecto al otro y aceptar mejor nuestras diferencias.

Estas diferencias son valiosas, no es necesario que generen ningún conflicto; de hecho, para mi, son las causas de la atracción entre nosotros. Si todas las diferencias entre nosotros desaparecieran, también desaparecería el amor, porque ya no existiría la polaridad.

La única esperanza es la suavidad, no la dureza.

Él es mi polo opuesto, pero es tan sólo algo muy superficial, como un libro con notas a pie de página.

Yo no quiero perseguirle con mis quejas, toda la energía que se vuelve queja quiero que se transforme en un gozo inmenso… Yo se lo digo que necesito hacer el amor con él todos los días…

En La Isla del Nunca Jamás no hace falta pedir disculpa, tampoco existe una expresión para eso en nuestro idioma, porque todo lo que pasa no está echo con mala intención.

Fuera de La Isla del Nunca Jamás, hay personas tan embotadas, tan muertas, tan insensibles, que sólo se sienten atraídas por el dinero, o el poder, o por la fama, pero no se las considera pervertidas. Yo me siento atraída por algo cuya consecución es un desafío, un territorio desconocido que descubrir, un flujo en movimiento. Será por eso que encajar con mi exacto opuesto no es tan sencillo, es un gran arte, es crear armonía entre dos mundos diferentes.

El amor es armonía. Incluso pasear por la calle puede ser amoroso. La calle se parece a la prosa. Paseando, pienso en la responsabilidad, en los problemas de estar con mi Alter Ego. Paseando, veo todas las dificultades y aun así decido vivir con él. No espero que todo vaya a ser siempre una preciosa terraza vistas al mar llena de flores perfumadas. No espero esas tonterías… la realidad es difícil, es dura.

Hay margaritas, tulipanes y lirios ,pero hay también muchos bichos. Y aún así, merece la pena estar con él.

Es amor realista, ni romántico, ni poético, es prosa.

El, de alguna manera, me completa. Él no me ayuda en el trabajo domestico, él nunca me abre la puerta, él no me corteja, pero me besa incluso cuando estoy enfadada y, bueno, ¡eso es amor!

Mi amor para él no tiene motivos, y par mi, es lo más grande que le puede suceder a alguien.

También me gusta la soledad, es mi templo. Ahí vive mi Dios, ahí puedo estar nadando en el mar más profundo como descansar en cima de la más alta montaña, crear, escribir, cantar, meditar, pintar, coser, tocar, fotografiar, construir, olvidar, dibujar, leer, viajar a otros planes, hablar con Angeles y Hadas, tener como mascota un poderoso león, poseer la espada para cortar la cabeza a mis enemigos …

En La Isla del Nunca Jamás siempre hay un clima especial, no hace ni calor ni frío, siempre es primavera, las personas están a gusto en su casa como en la calle y cuando se encuentran por primera vez, hablan entre sí como si se conocieran desde la cuna.

En La Isla del Nunca Jamás no hay vergüenza, no hay nada de lo que no se pueda hablar porque no hay mala intención.

En La Isla del Nunca Jamás nunca damos a la gente por supuesta. Alguien es tu mujer, la relación ha terminado; alguien es tu marido, la relación ha terminado. Ya no hay aventura, el otro se ha vuelto una cosa, una mercancía. El otro ya no es un misterio que desvelar; el otro ya no es nuevo.

Ser madre es la mayor de las responsabilidades que puede tomar un ser humano.

La pequeña Violeta vino a través de mi, pero no es mía. Sólo una cosa puede ser poseída: una casa puede ser poseída, un coche puede ser poseído, nunca una persona. Yo trato a Violeta como si fuera una persona adulta, con profundo respeto, no trato de imponer nada. Doy energía, protección, seguridad, todo lo que necesite, pero la ayudo a alejarse de mi para explorar el mundo. Nunca doy mandamientos, nadie los cumple, y la gente se vuelve hipócrita.

Y, por supuesto, la libertad incluye también el error.

Traer un niño a este mundo es algo muy arriesgado.

El echo de ser madre no me lo tomo muy en serio, la seriedad se vuelve destructiva… me tomo la responsabilidad como un juego… la seriedad paraliza a los niños…

Hay miles de personas neuróticas y psicóticas en el mundo a causa de la madre.

El amor es un misterio, no lo puedes manipular. El amor no debería ser manipulado, no debería ser legalizado, no debería ser forzado, por ningún motivo.

En La Isla del Nunca Jamás los niños pertenecen a todos, no llevan los distintivos de su familia, pertenecen a la comuna y la comuna cuida de ellos.

La idea entera de la familia es una idea de posesión: posees propiedades, posees una mujer, posees un hombre, posees unos niños, y la posesión es un veneno.

En La Isla del Nunca Jamás no decimos: “Mi madre, Mi padre, Mi hermano, Mi hijo, Mi marido…”, no tenemos todas esas inútiles y dolorosas relaciones y conexiones debidas a la familia.

La vida es inseguridad, quien realmente quiera vivir tiene que vivir en peligro, en peligro constante. Quien quiera caminar tiene que arriesgarse a perderse.

Una relación, como la entiendo yo, es permitir que alguien llegue a tu centro, y es arriesgado, peligroso, porque nunca sabes qué te hará esa persona.

No hay que calcular. Una persona basada en el miedo siempre está calculando, planeando, disponiendo, protegiendo. Es lo que hace un mafioso.

En La Isla del Nunca Jamás tenemos un eslogan:

TOCA, HUELE, SABOREA, VE, OYE Y SIENTE TAN TOTALMENTE COMO PUEDAS

A mi, lo que me gusta más es tumbarme en la playa, sentir la arena, escuchar los sonidos del mar. También me gusta comer con las manos, sin cuchara, cuchillo y tenedor, como aprendí en Africa.

En La Isla del Nunca Jamás vive un loro muy salido.

Este loro dice obscenidades continuamente. A veces es muy dulce y cariñoso, otras veces no podemos ni mirarle.

Me hace pensar en cuando me enfado, hago y digo cosas de las que me arrepiento… Mi Alter Ego sabe de lo que hablo, pobre…

Me llega esto dentro de mí. Intento lo mejor que pueda ser consciente, pero no lo consigo. Y mi Alter Ego está ahí. Me gustaría decirle: «Tu no necesitas involucrarte, puedes simplemente observar. No tienes nada que ver con ello. Estoy en dificultades, necesito tu compasión.»

Surge la dificultad de que poco a poco nuestros ritmos corporales se van armonizando. De forma que cuando yo tengo mi “menstruación”, él también tiene la suya. Eso crea el verdadero problema, los dos estamos en un agujero oscuro, los dos estamos deprimidos, los dos estamos tristes, los dos estamos desesperados. Y nos echamos la culpa el uno al otro.

Sentirse salvaje no es malo, pero romper o tirar cosas de la ventana no está bien.

La idea misma de destruir es mala. En realidad me gustaría destruir cosas más valiosas, incluso relaciones, personas… Pero no puedo destruir tanto, y como no puedo aguantarlo, cojo el martillo y rompo la encimera de la cocina.

Tengo que comprender que mi energía se acumula, y si no puede ser creativa, se vuelve destructiva.

Por Ejemplo, Stalin.

Era hijo de un zapatero pobre y alcohólico de Georgia. Quedó huérfano muy temprano y estudió en un seminario eclesiástico, de donde fue expulsado. Entonces se unió a la lucha clandestina contra el régimen zarista. Fue el “hombre de acero”. Instauró una sangrienta dictadura personal, implantando el régimen más totalitario que haya existido jamás: anuló todas las libertades, negó el más mínimo pluralismo, aterrorizó a la población, impuso la colectivización forzosa de la agricultura, hizo exterminar o trasladar a pueblos enteros, sometió todo el sistema productivo a la estricta disciplina de una planificación central obligatoria, fomentó la extensión del comunismo a países en los que existieran movimientos revolucionarios autóctonos como Grecia, Turquía, China, Corea… … Con inmensas pérdidas humanas…

Stalin a lo mejor quería ser pintor, pero no le dejaron. Y el hombre que podría haber sido pintor se volvió uno de los hombres más destructivos del mundo.

Con la misma energía podría haber sido un Van Gogh.

Cuando me siento destructiva, debería empezar a bailar o a dar paseos largos. Ahora hago lo contrario. Digo que me gusta descansar y no hacer nada en esos días, pero tengo que hacer algo, porque la energía necesita salir.

En estos días estoy enseñando a la pequeña Violeta el significado de “respeto”. Significa volverse para mirar.

Cuando pasa alguien, respeto. Tiene que ver con el hecho que de pronto te das cuenta de que ha pasado algo bello.

Amo profundamente a mi Alter Ego, aún si él y yo somos el hemisferio derecho y el hemisferio izquierdo de la misma mente. Yo soy intuitiva, ilógica, irracional, poética, imaginativa, romántica y religiosa; y él es lógico, racional, matemático, aristotélico, científico, planificado.

Estamos constantemente en conflicto. Pero existe un puente entre nosotros. Cuando lo pasamos nos encontramos, y es el encuentro de lo masculino y lo femenino, el encuentro del yin y el yang, el encuentro de la derecha y la izquierda, el encuentro de lo lógico y lo ilógico.

Ayer, la pequeña Violeta me preguntó: «¿Existen los fantasmas, las hadas, y cosas así?» «Sí, existen, – contesté yo – si te guías por el cerebro del hemisferio derecho, existen. Si te guías por el cerebro del hemisferio izquierdo, no existen.»

Mi Alter Ego y yo somos y tenemos dos cualidades, la negativa y la positiva. La positiva es el amor, la negativa es el letargo, porque la espera puede parecer una espera y puede que no lo sea, puede que sea un simple letargo.

Siempre que hay una cualidad positiva, a su lado existe la negativa. Si presto más atención a la positiva llegaré a una sinfonía en la que todas las notas se ayudan entre sí, no son sólo un ruido, sino que dan ritmo, a la totalidad.

El camino del corazón es bello pero peligroso. El camino de la mente es vulgar pero seguro. Se puede usar la lógica; es práctica. Es útil en el trabajo científico, pero no en las relaciones humanas. Hay que tener cuidado para que la lógica no se convierta en el único camino.

Cuando estás en un caos, el cerebro deja de funcionar.

Todos los pensamientos son simplemente basura.

¡Por fin!, mi Alter Ego parece abandonar la tienda…

Lo he esperado durante dos horas.

Le beso, como si no hubiera besado nunca…

Pregunto: «¿Che ha pasado?»

El empieza a contarme del rompecabezas, de como intentaba resolverlo, de los clientes, que uno tras otro se acercaban a él para admirar sus capacidades en resolver el… juego para niños…

Y me dice que en cuanto había abandonado la idea, había hablado con el dependiente: «Soy ingeniero, y si ni siquiera yo puedo resolver el rompecabezas, ¿cómo cree que va a poder la pequeña Violeta?»

Y el dependiente: «Está hecho de tal manera que nadie puede resolverlo, ingeniero o no ingeniero. Está hecho de esa forma para que la niña empiece a comprender que no todo se puede resolver, no todo se puede comprender.»

Esto es La Isla del Nunca Jamás.

Mayo 2013

This entry was published on May 10, 2013 at 10:27 AM. It’s filed under D.I.Y. and tagged , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , . Bookmark the permalink. Follow any comments here with the RSS feed for this post.

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